
Cuando la oportunidad me permite visualmente contemplarla, se despierta en mi algún tipo de ganas por saber lo que ciertamente no me concierne. Pero el desarme verbal que ella logra en mi, al no ser parte de mi juego dialéctico, me hace pensar de súbito en las coordenadas que debo tomar para lograr un objetivo, que hasta ahora se ha visto interrumpido y acompañado por los nervios, que me acogen cuando de una forma arrolladora pero vital, se acerca a mi, y pone a mi mente en un gran esfuerzo por no quedar mal. Logrando así, elevar las velocidades de mis pensamientos y causando un gran desorden de palabras y discursos preparados para tal ves, impactar entre sus pensamientos y producirle una sorpresa ante la percepción que tenga de mi persona como tal. Este efecto si se lograra, seria como hacer una especie de ahorro sentimental, ganándome así un poco de espacio en la vida de aquella, que ha sido mi musa no conquistada, mi meta no alcanzada, mi vaso de agua a medio tomar, y finalmente a quien debo enamorar.